Micromuseo - Bitácora

sábado 5 de diciembre de 2009

REVOLUCIÓN EN LA REVOLUCIÓN IV: LA IZQUIERDA PARANOICA (Y REACCIONARIA)


(Gráfica publicada en la bitácora "CubaDebate" con el código "yoani-dinero-us")

En función de los posts que he venido colgando como gesto de solidaridad con la perseguida bloguera cubana Yoani Sánchez, se me ha hecho llegar un enlace al diario limeño La Primera. Allí se reproduce, admirativamente, un artículo que pretende demostrar la relación mercenaria de Sánchez con el imperialismo, la CIA y todas las fuerzas oscuras de la reacción universal. Incluyendo, por cierto, al diario español El País y la cadena informativa alemana Deutsche Welle, así como las empresas Microsoft, Hewlett-Packard y HTC Corp. Además, claro, de la Universidad de Columbia. Todas, como es harto sabido, entidades esclavas de un solo amo cuya obsesión es la apoteosis del Mal, pasando por el endiosamiento de Yoani y la destrucción de la Revolución Cubana,

El texto no tiene desperdicio y debería ser de lectura obligatoria en cualquier postgrado de teoría crítica. Y de psicoanálisis: se trata de un acabado ejemplo de las mitomanías conspirativas que parasitan y enferman a ciertas izquierdas nuestras hasta el punto de llevarlas a la bancarrota moral y política. Y a la estulticia final: ni por asomo se pretenden discutir ideas y posiciones y testimonios, sólo difamar personas. Sin percibir que aunque pudieran demostrarse situaciones infinitamente más alevosas en torno a Yoani Sánchez, permanecería indemne el único y verdadero tema en discusión: las libertades ciudadanas y los derechos humanos en cada momento vulnerados por una dictadura cubana bajo la que nadie puede abandonar sin permiso el país, o publicar opiniones contrarias a las del pensamiento único. Entre tantas otras aberraciones.

El pensamiento único: el autor de la nota es Ernesto Carmona, periodista chileno cuyo sitio web ofrece, como secciones permanentes, las "reflexiones de Fidel", los "discursos de Raúl", las "líneas de Chávez". Y entre su monotemático repertorio de notas figura aquélla que revela cómo tras el éxito de las redes sociales de Facebook se encontrarían las interesadas inversiones financieras de la CIA. (Pues claro, qué otra explicación racional habría).

A esos abismos hemos llegado. ¿Cómo hacerle entender a estas izquierdas (otras hay) que la paranoia es reaccionaria? ¿Que no hay liberación sin libertad, que no hay fines válidos sin medios legítimos? Que no hay Ciudad Futura si no hay ciudadanía efectiva. Si no hay sociedad civil, autónoma y emancipada. Propiciar esa revolución en la revolución es hoy una tarea ética y política –y cultural– de primer orden.

Pero tambien este comentario mío debe ser sometido a la sospecha: en la pérfida red de relaciones denunciadas alrededor de Yoani Sánchez nuestro perspicaz Carmona incluye a Godaddy, "una de las compañías contratistas que utiliza el Pentágono en la cyber-guerra propagandística de estos tiempos". Supongo que a estas alturas debo admitir y hacer público que también Micromuseo ha hecho uso del hospedaje virtual alquilado por ese servidor web. Aunque siempre pensé que lo hacíamos atraídos por sus bajos costos, ahora entiendo que fue nuestro inconsciente reaccionario el que nos llevó a sumarnos a la legión infinita de los Agentes del Mal.

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miércoles 25 de noviembre de 2009

REVOLUCIÓN EN LA REVOLUCIÓN III: Contra todo totalitarismo



Vuelvo sobre los temas urgentes de las luchas por la emancipación y la ciudadanía total. Tareas políticas de primer orden que bajo el régimen cubano se ven ahora encarnadas por voces independientes y reprimidas como las de Yoani Sánchez. Miguel López, en su blog Arte Nuevo, se pronuncia también al respecto en un gesto significativo por multiplicar el potencial liberador de internet. Pero han habido otras comunicaciones, privadas, expresando ansiedades ante la ruptura con una quimera que algunos identifican con juventudes e ilusiones perdidas. Sueños que devienen pesadillas a las que sin embargo la tortuosa psique humana se sigue aferrando. No faltan quienes racionalizan sus inseguridades mediante esotéricas interpretaciones de líneas políticas supuestamente embozadas en las comunicaciones de Yoani y otros disidentes.

El tema, por supuesto, es enteramente otro: la simple y llana libertad para la libre circulación e intercurso de ideas (y de personas), cualesquieras ellas sean. Para no agotarme en argumentar lo obvio, cuelgo arriba el video clandestino en que Yoani registra su confrontación con agentes del servicio de migraciones de Cuba al ser notificada de una nueva prohibición para su salida del país, sin explicación ni justificación alguna.

Insisto: ¿cuántos de los que entre nosotros titubean ante la dictadura cubana tolerarían ese ejercicio arbitrario del poder sobre sus propios cuerpos, sobre sus mentes?

Tarea revolucionaria crucial es liberar la palabra “revolución” de cualquier connotación opresiva y totalitaria. He allí una gesta romántica. Y de izquierdas.

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sábado 21 de noviembre de 2009

EL INMENSO PODER DEL SINPODER ABSOLUTO: UNA SOLITARIA BLOGUERA DESESTABILIZA A LA DICTADURA CUBANA (REVOLUCIÓN EN LA REVOLUCIÓN 2)


Impresionante: la dictadura cubana no encontró mejor manera de responder al solitario reto de una discusión verbal en la vía pública que movilizando a sus propias organizaciones regimentadas para hostigar al disidente y reprimir cualquier posibilidad de intercambio libre o de debate.

Resumen: el 6 de noviembre, casi a vísperas del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, la bloguera cubana Yoani Sánchez fue brevemente secuestrada y golpeada por presuntos agentes encubiertos del régimen, en represalia aparente por el contenido crítico de sus comunicaciones electrónicas y en circunstancias en que se dirigía a una manifestación por la paz y la libertad de opinión (causas "contrarrevolucionarias" para el paraíso socialista). Como respuesta no violentas a esa agresión, informa el periódico español El País, Orlando Escobar, esposo de Yoani, "retó a un 'duelo verbal' al seguroso que golpeo a su mujer, un tal 'agente Rodney'. La cita era el 20 de noviembre a las 17.00 en la misma esquina de la ciudad [en que Yoani fue agredida], pero días antes fue convocado en el lugar un Festival Universitario del Libro y la Lectura. La cosa acabó como se sabe": es decir, con el espacio público bloqueado por cientos de secuaces del gobierno "que zarandearon al bloguero con saña e impunidad". Orlando Escobar, dicho sea de paso, es un hombre mayor que frisa ya los 62 años de edad.

Cuelgo abajo el video que registra parte de esos hechos. Particularmente revelador y patético allí es el lema coreado con insistencia por los agitadores oficiales: "esta calle es de Fidel". ¿Para convertir a un país entero en propiedad de un caudillo vitalicio (y de una dinastía familiar) es que se brindaron tan heroicamente tantas vidas ejemplares? La ilusión y la promesa revolucionarias parecieran hoy encarnarse más bien en quienes, como Yoani y su esposo Orlando, enfrentan desde la precariedad total a un poder totalitario que ni siquiera admite la posibilidad de una confrontación de palabras. Cualquiera sea el emblema bajo el que se justifiquen esas opresiones ellas identificarán siempre a un sistema fascista.

Fascista: atención a la otra, torpísima, consigna voceada a gritos por el capataz de esa manifestación "espontánea": "con este muro no van a acabar", en alusión evidente al Muro de Berlín cuya caída por la presión popular de las masas alemanas es una de grandes gestas liberadoras de nuestros tiempos. Bien podrían vociferar "vivan las cadenas".

Reitero la inquietud planteada en mi post del 11 de noviembre sobre el tema: ¿cuántos de los que hoy reclaman una transformación progresista en nuestras sociedades tolerarían no poder publicar siquiera un fanzine propio, no poder mantener sin graves costos y riesgos personales un blog crítico, no poder optar por más de una opción partidaria al momento de elegir y ser elegidos? Aunque se multiplican las respuestas personales a ese requerimiento, pocas de ellas optan por hacerse públicas. Destaco ahora la intervención de Miguel López, publicada el 14 de noviembre en su bitácora Arte Nuevo.

Estas y otras actitudes me despiertan la fantasía romántica de una nueva y distinta revolución en la revolución, por utilizar la frase de Régis Debray subvertida en el título del post mío anteriormente mencionado: una red crítica en la web que efectivamente contribuya a terminar con esta y otras tiranías que hoy tergiversan y empantanan las luchas legítimas por la emancipación y la ciudadanía total en América Latina. Hay un enorme aliento para ello en ejemplos como el de Yoani: la serena rebeldía de una cubana infinitamente débil, radicalmente digna, provoca el temblor y la agitación del aparato estatal en toda su omnipotencia y dogmatismo.

El inmenso poder del sinpoder absoluto.

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domingo 15 de noviembre de 2009

LA VIOLENCIA Y LO SAGRADO: "LO IMPURO Y LO CONTAMINADO III" EN EL SUPLEMENTO DOMINICAL DE EL COMERCIO



























Hoy, 15 de noviembre, El Dominical del diario limeño El Comercio dedica su carátula y el entero pliego central a la exposición Lo impuro y lo contaminado III, exhibida por Micromuseo en la Trienal de Chile desde el 7 de ocubre y hasta el próximo 29 de este mes. A continuación transcribo los contenidos de este reportaje de Diego Otero, ilustrado por imágenes tanto de varias de las piezas expuestas como de la sede del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago generosamente otorgada en su totalidad para este proyecto.


ARTE PERUANO CONTEMPORÁNEO EN CHILE:
ENTRE LA VIOLENCIA Y LO SAGRADO


Lo impuro y lo contaminado III, quizá la más amplia y arriesgada muestra de arte peruano contemporáneo fuera de nuestras fronteras, se exhibe estos días en Santiago, como parte de la Trienal de Chile.

Por: Diego Otero


Desde el mes pasado, Chile celebra el bicentenario de su independencia con la primera edición de una Trienal artística, con la curaduría general de Ticio Escobar, que es un crítico muy importante, actual ministro de Cultura de Paraguay. La Trienal de Chile es un puñado de grandes muestras desplegadas a lo largo de todo el país, y articuladas en torno a dos ejes principales: los límites del arte y lo local. Una de esas muestras, ubicada en un lugar de preferencia —las instalaciones del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago—, es “Lo impuro y lo contaminado III. Pulsiones (Neo)Barrocas en la ruta de Micromuseo”, cerca de trescientas piezas que ofrecen un recorrido reflexivo —radical, polémico, muy vital— por los caminos de la producción artística peruana en las últimas décadas.

Desde las propuestas eruditas y cuestionadoras del proyecto “A imagen y semejanza” hasta las estridencias tropicales y lascivas del pintor Lu.Cu.Ma. Desde la sofisticación monumental de un cuadro de Moico Yaker o una instalación de Runcie Tanaka hasta un inquietante helicóptero artesanal hecho con huesos o una escopeta “hechiza” de un rondero ayacuchano muerto por Sendero Luminoso. Para Gustavo Buntinx, cabeza de Micromuseo —suerte de soporte alternativo para la preservación y promoción de arte peruano— y curador de esta muestra, “la sexualidad y la teología exacerban y trastocan las relaciones establecidas entre arte y política, arte y violencia, arte y religión”. Y “Lo impuro y lo contaminado III” da fe de ello.

¿Bajo qué criterio se planteó la notoria ampliación de la muestra en relación con lo que se vio en “Lo impuro y lo contaminado II”, en Valencia, España?
Hay sobre todo una intensificación de los sentidos propuestos. Una radicalización, en las dos acepciones del término: llevar las cosas a sus extremos es también devolverlas a sus raíces. Era necesario este desborde, este exceso, para darle una plenitud nueva a nuestras propuestas de una musealidad mestiza. Una musealidad promiscua donde lo llamado artesanal, lo supuestamente artístico, lo (semi)industrial o incluso lo documental coexisten sin jerarquías. También lo prehispánico y lo moderno, lo colonial y lo contemporáneo, en asociaciones ilícitas, insólitas, pero no ajenas a las que ofrece nuestra vivencia permanente de simultaneidades aparentemente inconexas.

Tú defines la producción que se articula en torno a “Lo impuro y lo contaminado” como “pulsiones (neo)barrocas”. ¿Por qué crees que esta “sensibilidad (neo)barroca” predomina en las manifestaciones culturales del Perú actual?
El nuestro es un horror al vacío dejado por los desastres de la guerra y de la dictadura que marcaron las dos traumáticas décadas iniciadas con el principio de la violencia en 1980. De ese abismo surgimos obligados a confrontar y asumir nuestras tantas contradicciones, aprendiendo a ya no reprimir sino productivizar la diferencia. Vivir feliz todas las patrias, como quería Arguedas, implica la integración de lo distinto, incluso la coexistencia de lo irreconciliable. En esa tarea sensible mucho ha ayudado la matriz barroca de una cultura nuestra marcada por la continuidad tanto como por las rupturas. De allí mi insistencia en colocar entre paréntesis el prefijo característico en el uso globalizado del término (neo)barroco.

Sueles hablar de “cultura material” en oposición a “producción artística”, planteando así la idea de una desjerarquización. Pero por otro lado dices que el motivo de fondo no es “reprimir sino productivizar las diferencias”. ¿Podrías explicar esa aparente contradicción?
En ciertas situaciones actuales el modo de exacerbar la diferencia es colapsándola. Por eso planteamos que la propia denominación “Museo de Arte Contemporáneo” es una contradicción en términos: para ser genuinamente contemporáneo, el museo tiene que renunciar a cualquier vocación exclusiva por lo artístico. Micromuseo no es un museo de arte sino de cultura material. En nuestras propuestas el arte es una porción inevitable pero desjerarquizada de un conglomerado fáctico y simbólico más complejo que confronta y subvierte y trastorna esta categoría tan mistificada. Es lo que denominamos estrategias friccionarias.

Micromuseo propone fricciones creativas entre lo que tú llamas la “pequeña burguesía ilustrada” y lo “popular emergente”. Cómo es la dinámica de esas fricciones, ¿son realmente horizontales o reproducen las fisuras que hay en otras esferas de la sociedad?

Como en las relaciones sexuales, no hay horizontalidad perdurable en las relaciones culturales. Es el intercambio de papeles y de posiciones el que energiza el intercambio de fluidos. Eso y la fantasía. Sin duda hay una inercia de fisuras y jerarquías en cualquier gesto que pretenda repararlas o subvertirlas, pero también una productividad distinta, un despertar erótico también en el ámbito de la cultura y de lo social. Quisiera pensar que, más allá de las inevitables contradicciones, de los fracasos incluso, de todo esto surgirá no solo un sujeto nuevo sino también una nueva subjetividad. La belleza nueva.

Derroche lascivo

Interrogado acerca de la incidencia que están teniendo en los últimos años las manifestaciones artísticas amazónicas, Buntinx dice: “El nuevo fulgor selvático deriva (entre tantas otras razones) de la conjunción de emergencias. En los dos sentidos del término: crisis y erupción. Hay una necesidad histórica y cultural de incorporar también “el cuerpo de la Amazonía” a nuestro gran mestizaje final. El tema, sin embargo, es la relación de todo ello con las vertientes de sofisticada erudición teológica resumidas en Lima por proyectos como el de A Imagen y Semejanza. Contra ciertas apariencias, Micromuseo percibe en estos desarrollos paralelos los opuestos complementarios de una misma sensibilidad de época, una sensibilidad (neo)barroca de importancia análoga para nuestros tiempos a la que el pop achorado alcanzó durante los inicios de la década de 1980 con las propuestas del taller E.P.S. Huayco y desarrollos asociados. Es interesante el que esos dos recorridos artísticos —el pop achorado, el (neo)barroco— marcan y enmarcan los preliminares y el epílogo de nuestra reciente guerra interna. Tal vez no deba sorprender el que en ambos casos la imaginería determinante sea religiosa. Incluso en los derroches lascivos que suelen recorrer lo tecnotropicalandino: nuestro arte más lúbrico suele ser también el más místico. El más espiritual y político. A su sesgada manera”.

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miércoles 11 de noviembre de 2009

¿REVOLUCIÓN EN LA REVOLUCIÓN?



A 20 AÑOS DE LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN, SOLIDARIDAD CON YOANI SÁNCHEZ - POR UN PROYECTO CRÍTICO COHERENTE, EMANCIPADOR, CONTEMPORÁNEO

No hay criticidad posible, no hay proyecto genuinamente revolucionario, si no hay coherencia en la defensa de libertades cada vez más esenciales como las de las ideas y la de la comunicación, incluso personal. Se cumplen veinte años en que el desborde popular de las masas alemanas derribó el Muro de Berlín erigiendo en ese mismo gesto una nueva utopía liberadora en contraste con ciertas izquierdas aprisionadas por el autoritarismo y el dogmatismo.

Cárceles también para un pensamiento que en demasiadas instancias se niega a asumir los retos nuevos y persiste en propiciar y celebrar estructuras de opresión. O simplemente callar ante el acallamiento. Estructuras como las de una revolución cubana hace tantos años trastornada por un régimen dictatorial (y hereditario) en el que sólo es admisible una prensa única y hasta intentar comunicaciones electrónicas propias implica correr riesgos impresionantes. Como los tan valientemente asumidos por la bloguera Yoani Sánchez, cuyo hostigamiento permanente ha pasado desde prohibiciones (se le impide viajar para recibir el Premio Ortega y Gasset de periodismo, entre otros reconocimientos internacionales) hasta el secuestro y golpiza recientemente denunciados por ella misma.

Los voceros del régimen, por cierto, niegan esos hechos últimos. Pero en tanto no haya libertad de prensa y de investigación independiente en Cuba la duda beneficiará siempre a la víctima. Y esa duda nos interpela, brutalmente, a todos los que desde el quehacer cultural exigimos transformaciones emancipadoras. ¿Cuántos de quiénes desde internet se reclaman de izquierda aceptarían el control estatal sobre sus bitácoras y demás sitios web? ¿Cuántos tolerarían un sistema bajo el que colgar un post exige sobrecostos económicos y de seguridad personal? ¿Cuántos reconocerían como revolucionario un Estado propio que restringiera y controlara todo acceso a la comunicación en medio de las revoluciones tecnológicas que hoy redefinen tan radicalmente nuestra contemporaneidad?
El tema sería risible si no fuera trágico.

¿Qué hacer? Por lo menos no ser cómplices, desde nuestro silencio, con el silenciamiento. Como gesto público de solidaridad con las luchas cívicas y populares por la ciudadanía total, por el acceso irrestricto a la información y a la comunicación, esta bitácora incorpora en su escueta lista de enlaces el blog Generación Y de Yoani Sánchez. No precisamos estar de acuerdo con cada una de las posiciones allí formuladas para intuir que en esa modesta y crucial plataforma electrónica se libra hoy una de nuestras batallas liberadoras decisivas. El comienzo, tal vez, de otra revolución en la "revolución".

Invito a mis compañeros e interlocutores en la construcción de un proyecto crítico realmente contemporáneo que asuman este u otros gestos de compromiso con la libertad y contra la censura. Con los perseguidos.

Cuelgo a continuación el video de YouTube que registra las situaciones absurdas enfrentadas en La Habana por Yoani Sánchez y otros blogueros cubanos al intentar participar en un debate sobre internet cuyo acceso les era restringido. ¿Puede ser ésta la utopía de liberaciones por la que tantos lo dieron todo?

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sábado 31 de octubre de 2009

MICROMUSEO EN LA TRIENAL DE CHILE


El arte mayor de la diplomacia suele ser la demarcación de fronteras. El del arte mismo es borrarlas: desbordar los límites (de cualquier tipo) podría ser un subtexto principal (no el único) de la exposición Lo impuro y lo contaminado III: pulsiones (neo)barrocas en las rutas de MICROMUSEO. Un impresionante envío de múltiples manifestaciones visuales que colma ya la casi totalidad de los ambientes de exhibición –y el gran ingreso, y el escenográfico patio– de la sede central del Museo de Arte Contemporáneo de Chile, en el Parque Forestal de Santiago.

Casi trescientas (300) obras, más de un centenar (100) de artífices, despliegan allí las potencias expresivas de nuestras peruanas culturas híbridas para la flamante Trienal de Chile. Un macroevento que se distribuye a lo ancho de la larga geografía de ese país (e incluso en la provincia argentina de Salta), con inauguraciones sucesivas durante los primeros días de octubre.

La noche del 7 de octubre de 2009 estuvo reservada para la propuesta de MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”), concebida curatorialmente por su chofer, Gustavo Buntinx, no como un muestrario de tendencias recientes sino como un replanteamiento histórico (y sensorial) de varias convulsiones decisivas (no todas) en la producción plástica impactada por dos décadas traumáticas de violencia y dictadura. Y por un lento aprendizaje nuevo en las culturas de la democracia.

Ésas son también las experiencias formativas, transformativas, del proyecto romántico de MICROMUSEO, desarrollado con distintos nombres desde la década de 1980 con independencia de toda relación con los poderes y el Poder. En nuestros peores momentos colectivos este emprendimiento azaroso constituyó un soporte alternativo para la preservación, investigación y promoción del arte crítico peruano, así como de otras manifestaciones relacionadas. Pero sobre todo articuló la concepción pasional del museo no como una cámara de tesoros y un parangón de prestigios –sociales, profesionales, académicos– sino como un agente crítico de ciudadanía nueva. Y como un sentido alterno y propio de (post)modernidad.

A ese compromiso responde su inclusión como una de las dos iniciativas –la otra es la del Museo del Barro, de Paraguay– que en la Trienal de Chile representan a las museologías alternas de América Latina. Una oportunidad que MICROMUSEO socializa asumiéndose como vehículo cultural también de otras museotopías peruanas, configuradas desde la imaginación artística. A veces como instalación o gesto puntual: el basurero-museo (Francisco Mariotti, 1980); el huaco-museo (Luis Castellanos, 2005-2008); la exposición Restauración / No restauración (artífices varios, 1990). En otras ocasiones como fantasía institucional: el Museo Travesti de Giuseppe Campuzano; el Museo Neo-Inka de Susana Torres Márquez; el Museo Hawai, de Fernando Bryce; el LiMAC de Sandra Gamarra... Esta última ha incluso aceptado la comisión especial de MICROMUSEO para realizar una gran proyección pictórica (“pintura-por-encargo”) de El Museo de Arte borrado, esa pequeña pero crucial ironía gráfico-conceptual de Emilio Hernández Saavedra (1970), también incluida en la muestra.

No son los únicos rescates históricos logrados por esta exposición, para la que se han reelaborado piezas decisivas pero injustamente relegadas como (entre otras) la instalación Campo minado (Dialéctica de la pasión) (1999) de Patricia Camet. Y el Gran guacamayo precolombino (1992), acaso la más importante de las imponentes tecnoesculturas del ya mencionado Mariotti.

Tales inclusiones y decenas otras hacen de ésta una versión culminante (¿la tercera es la vencida?) de la secuencia de muestras de MICROMUSEO con el mismo título principal, iniciada en 2002 en el Centro Cultural de España de Lima (conducido en ese momento por Teresa Velázquez) y luego desarrollada en la Bienal de Valencia (2007). Ya entonces el resultado ofrecía una de las más nutridas y complejas exposiciones de nuestra plástica contemporánea en el extranjero. Su desarrollo actual multiplica en cuatro veces aquel despliegue a lo largo de una veintena de espacios subvertidos por secuencias provocadoras.

Abundan, sin duda, las obras de clara vocación monumental: los más de ocho perturbadores metros cuadrados de pintura contenidos por la Isla, de Moico Yaker, verbigracia. O las catorce voluminosas esferas de cerámica fragmentada en la enorme instalación Huayco / Kawa / Río, de Carlos Runcie Tanaka. Pero la ambición artística de esos planteamientos se ve continuamente friccionada por otros artefactos representativos de nuestra cultura material más urgida y densa. Imágenes peculiares de exacerbada devoción popular, por ejemplo. O instrumentos vinculados a nuestras violencias recientes, entre los que sobresalen ciertas artesanías bélicas y la escopeta “hechiza” de un poblador ayacuchano muerto por Sendero Luminoso debido a su participación en las rondas campesinas.

En ese registro documental se exhiben también algunos ejemplos notables del notable periodismo gráfico peruano: Carlos “Chino” Domínguez, Vera Lentz, Fátima López, Luis Miranda, Mónica Newton, Julio Pérez Ramos, Walter Silvera, Jorge Torres Serna, Paul Vallejos, Víctor Ch. Vargas... A partir de estas y otras evidencias, MICROMUSEO ensaya un recorrido por la sensibilidad (neo)barroca que gradualmente emerge de entre los estragos de la guerra, para ir con el tiempo esbozando un nuevo horizonte de renovaciones artísticas –acaso comparable en los últimos años al impacto anterior provocado por la irrupción del pop “achorado” hacia 1980.

Una sensibilidad, también una sensorialidad nueva. No una sino varias pulsiones que se desperdigan y fragmentan en torno a dos ejes fundamentales, explorados a lo largo de los varios ambientes ocupados por la exposición.

Por un lado, las relaciones y tensiones entre Christian Bendayán y Lu.Cu.Ma., dos plásticos vinculados a Iquitos y a cierta (post)modernidad popular que suele expresarse desde las estridencias de lo tecno-tropical-andino. Y las reverberaciones de todo ello en los desbordados cuerpos amazónicos de Luis Sakiray y las “visiones psicotropicales” de Harry Chávez.

Al otro extremo, la propuesta de los varios artífices (Alex Ángeles, Carlos Lamas, Alfredo Márquez, Ángel Valdez, Marcel Velaochaga) que se agrupan y reagrupan bajo el nombre del proyecto A Imagen y Semejanza, donde los referentes suelen ser eruditos y pueden remontarse hasta los ideólogos de la Evangelización y de la Contrarreforma. Antecedentes que se incluyen también en la muestra como reproducciones o en la impresionante presencia original de tallas coloniales andinas obtenidas en colecciones públicas de Santiago.

Sublimaciones pasadas y vulgaridades presentes se entrecruzan y fecundan en la actualidad de un país donde toda distancia colapsa. Y en una exhibición que además ofrece los registros distintos, pero pertinentemente planteados, de obras también decisivas de artífices de extracción popular como Inkari (Fredy Ortega) y Primitivo Evanán Poma, entre tantos otros cuya enumeración prolija puede encontrarse en la sección Paradero de nuestra ruta web.

Todo ello articulado por un estricto guión museográfico y un elaborado escrito curatorial que, además de ofrecer una aproximación histórica al (neo)barroco peruano, se ofrece cargado de ideas provocadoras, incluso en su versión resumida. Las relaciones entre la violencia y lo sagrado. Entre la religión y el cuerpo, entre la sexualidad y la experiencia mística. O entre nuestro gran vacío museal (la ausencia en Lima de un museo de arte exclusivamente contemporáneo, o siquiera “moderno”) y las museotopías que eróticamente se construyen sobre ese hueco.

Como el propio MICROMUSEO y sus propuestas de fricción creativa entre la pequeña-burguesía-ilustrada y lo popular-emergente. Estrategias friccionarias que ponen en escena crítica el carácter discontinuo de la historia y de la cultura y de la política en un país hecho de fracturas –pero también de incesantes intercambios de fluidos. A esa libido en medio del caos responde esta propuesta de una praxis museal que yuxtaponga los fragmentos dispersos de nuestras muchas expresiones, recíprocamente iluminadas por sus diferencias tanto como por sus articulaciones. Una cópula político-cultural en la cual el propio nombre y concepto de un Museo de Arte Contemporáneo deviene en una contradicción en términos: para ser genuinamente contemporáneo, el museo tiene que renunciar a cualquier vocación exclusiva por lo artístico para abarcar toda la generosa amplitud de la cultura material. Se trata de colapsar las odiosas distinciones modernistas entre arte, artesanías y diseños.

Una musealidad promiscua, donde las obras llamadas artísticas coexisten con productos masivos u objetos reciclados, además de notables ejemplos de la múltiple creatividad popular. Una musealidad mestiza donde las palabras “artista” y “artesano” se irán reemplazando por la de “artífice” –como en esta nota de prensa– procurando de ese modo significar la crisis de esas y otras distinciones en una sociedad crecientemente hecha de lo impuro y lo contaminado. El principio aquí operativo es no reprimir sino productivizar la diferencia.

La belleza nueva que de todo ello saldrá.

Harry Chávez. Visiones. 2009.
Cuentas de plástico y metal sobre mdp. 175 x 165 cm.

viernes 11 de septiembre de 2009

SANTOS INOCENTES: EL LIBRO / PRESENTACIÓN ESTA NOCHE EN KSA TOMADA



Esta noche, a las 19 horas y en el local de KSA TOMADA, tendré el privilegio de acompañar la presentación de uno de los libros de fotografías más sobrecogedores publicados hasta ahora entre nosotros. Santos inocentes: tránsito de imeagenes, de Daniel Contreras y Sophia Durand, es el nutrido acompañamiento editorial de la exposición de mismo nombre acogida hasta el 18 de setiembre por la Alianza Francesa de Miraflores. En ella los artífices exhiben sus flamantes fotografías de las fotografías corroidas por el tiempo sobre las tumbas infantiles en el histórico cementerio Presbítero Maestro.

Para una somera introducción a la complejidad de lo así logrado reproduzco el breve artículo mío en el catálogo de la muestra. Pero la intensidad profunda del tema está en los textos –e imágenes– articulados con tanta precisión por el libro que ahora se ofrece a la discusión. Para iniciarla se sumarán a la mesa el crítico cultural Víctor Vich, el fotógrafo e investigador Herman Schwarz, el museólogo Luis Repetto y –como viene dicho– este humilde servidor. Además, claro, de los autores. Honor a ellos.


LA MUERTE NIÑA


Desde el punto de vista de la muerte, decía Walter Benjamin, la finalidad de la vida es la producción de cadáveres. Pero el cuerpo es también la cárcel del alma. Y la muerte su liberación espiritual. De allí la alegría melancólica en los velorios populares de quienes fallecen sin haber alcanzado la edad del pecado: el dolor de tan temprana pérdida se mitiga con la dicha por el seguro ascenso celestial del alma impoluta del infante. Un despliegue de bailes y llantos que la pintura costumbrista recoge en toda la América católica. Y entre nosotros se consagra en cuadros de tradición tanto urbana y criolla (José Effio) como rural y andina (Primitivo Poma).


José Effio. El velorio del angelito.


Primitivo Poma. Huahuapampa. 1991. Pintura sobre tabla. Micromuseo ("al fondo hay sitio")


Otra convención icónica, sin embargo, concentra su mirada sobre la presencia última del cuerpo, aún tierno pero ya exánime. Como si la muerte fuera un esplendor postrero para esas existencias truncas, es su huella la que hasta mediados del siglo XX perenniza este particular género de imágenes. En muchos casos, sin duda, como sucedáneo póstumo ante la ausencia de efigies previas. Pero asimismo como testimonio de una fascinación dolida que embellece la carne inerte con flores y con flecos, cuando no con poses de amor o de vida. El cadáver engalanado como compensación fetichista de una pérdida cuya evidencia irrefutable, sin embargo, resulta la pintura o la fotografía que la niega.

Es sin duda en esta última que con mayor intensidad se precipita esa ambivalencia. La imagen fotográfica no representa sino captura la emanación lumínica de una presencia. De allí sus asociaciones poéticas con lo fugaz y lo fantasmático. Particularmente al describir el tránsito humano: el propio Benjamin reconocía una vibración terminal del aura en los rostros que aún se insinúan desde el reflejo apagado de los daguerrotipos, “y esto es lo que constituye su belleza melancólica e incomparable”.

Tales palabras adquieren una densidad nueva ante el hallazgo y reelaboración de las fotografías centenarias ubicadas en los parvularios del antiguo cementerio limeño Presbítero Maestro, sobre todo en aquel denominado Santos Inocentes. Al registrar y reimprimir esas tomas en todo el esplendor de su deterioro, Daniel Contreras y Sophia Durand logran una compleja operación tanto histórica como artística. Filosófica incluso: hay también un comentario soterrado sobre la condición humana en la atención primorosamente otorgada al desvanecimiento dramático de estas imágenes, a sus craqueladuras y grietas. Y a las texturas mórbidas de la emulsión, descompuesta hasta el punto de ahogar con sus vahos la semblanza infantil.

Lo que así se pone en escena es precisamente la segunda muerte de esos cuerpos interrumpidos: la desintegración de sus irradiaciones finales, atrapadas por una química demasiado precaria para la contaminación moderna y la intemperie. El resultado es sobrecogedor y desconcertante. La belleza oscura del barroco descarnado que se insinúa tras la abstracción matérica de estos despojos de vida cuyo fantasma se deshace ante nuestros ojos.

Pero la corrosión de estos apagados golpes de luz es además social. La de una república criolla sin desarrollo sostenible. Esa sociedad europeizante y blanca que este cementerio monumentaliza tanto en su apogeo decimonónico como en su posterior abandono y saqueo. Y en su rescate último como museo / mausoleo. De allí también la potencia alegórica inscrita en los registros de Contreras y Durand. La productividad simbólica del cadáver.