Micromuseo - Bitácora

sábado, 4 de junio de 2011

ALEGORÍA Y SÍMBOLO: La "Apacheta" de Carlos Runcie Tananka se instala permanentemente en el Museo de Arte Contemporáneo de Arequipa



Mejor prender un cirio que maldecir la oscuridad. A vísperas de las elecciones en que el Perú tienta otra vez el abismo, importa saludar los gestos de esperanza y regeneración articulados por y desde el arte. Hace apenas dos días, el pasado 2 de junio, el Museo de Arte Contemporáneo de Arequipa instaló en su patio y de modo permanente una de las obras más significativas de nuestra plástica actual. Se trata de la Apacheta, de Carlos Runcie Tanaka, ya exhibida en esa ciudad hace varios años pero recién ahora reconstruida con nuevos e importantes elementos que exaltan su presencia y su sentido.

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El acto tuvo como marco la inauguración de la muestra Objetos y memoria, en la que participan quince artistas visuales arequipeños, quienes junto a Runcie Tanaka celebraron así el mes de los museos", informa la nota de prensa: "La Apacheta de Runcie ocupa 66 metros cuadrados y está levantada íntegramente en sillar por alarifes de las canteras de Añashuayco, bajo la dirección de su creador, el distinguido ceramista. Esta obra es considerada un símbolo de la identidad andina, así como una representación de la identidad arequipeña por el uso del material emblemático y base de la arquitectura colonial mistiana".

Publico arriba la imagen de ese nuevo emplazamiento, y al final de este post la secuencia fotográfica de Javier Silva Meinel que registra el antecedente de la acción de 1987 en que Runcie arma y contempla otra acumulación de piedras en el desierto peruano. Además reproduzco de inmediato un texto interpretativo de esa y otras piezas, fragmento del escrito curatorial con que en 2006 acompañé la exposición Sumballein: antología rota de Carlos Runcie Tanaka, en el Museo de Arte del Centro Cultural de San Marcos.

ALEGORÍA Y SÍMBOLO

"Al productivizar la ruptura aleatoria de sus piezas, Runcie Tanaka logra una objetualidad expresiva de radical ambivalencia. Tras la voluntad simbólica de reparar lo quebrado (sumballein: juntar, reunir) asoma ese concepto de alegoría (allos agoreuin: hablar lo otro) que brota desde la exhibición irradiante de la fractura.

Pulsiones opuestas que varias piezas del artífice tornan complementarias al restablecer la unidad perdida mediante costuras y suturas dramáticamente realzadas por la aspereza visible de su argamasa. Cicatrices matéricas de alta textura a las que Runcie Tanaka se refiere con el sintomático nombre de venas. Reintegrar es aquí también evidenciar la fisura. Irritarla como en el acto de sanar echando sal a la herida.

Ya otros han señalado la importancia del vínculo que así se establece con piezas prehispánicas como las encontradas en la Galería de las Ofrendas de Chavín, o los vasos ceremoniales andinos que se exhibieron en el Centro Cultural de San Marcos, precisamente debajo de las salas ocupadas por Sumballein (el azar no existe). A veces esos objetos ofrecen a la vista dramáticos amarres que recuerdan algunos otros utilizados por Runcie Tanaka –como en aquella poderosa cortina de cincuenta grandes piezas que insinúan ondas marinas a la vez que petos corporales. Una cerámica sonora y levitante, elevada a los cielos musicales del arte por la robusta trama de cables de acero que tensa la estructura al tiempo mismo que la suspende con engañosa ligereza en el aire.

Lo que tras la recuperación arcaica o actual del fragmento pareciera expresarse es un sentido de reparación ritual y religiosa que también se expresa en el reiterado interés del artífice por la elaboración de apachetas: esos túmulos erigidos como un “pago-pagapu” a la vera de los caminos por la acumulación de piedras que van dejando los viajeros. El efecto logrado impresiona tanto por la unidad resultante como por la expresiva variedad de sus fragmentos. Alegoría y símbolo al mismo tiempo".





Carlos Runcie Tanaka. Acción en el desierto. 1987

(Fotografía: Javier Silva Meinel)


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miércoles, 1 de julio de 2009

CARLOS RUNCIE TANAKA EN EL STATION MUSEUM DE HOUSTON



Cuidados personales y preparativos para varios proyectos complejos de Micromuseo me han apartado momentáneamente de esta bitácora. Retomo ahora sus crónicas, sin embargo, para rendir cuenta de un tránsito excepcional en el arte peruano: la importante exposición con que Carlos Runcie Tanaka ocupa, desde el pasado sábado 27 de junio, las instalaciones completas del Station Museum de Houston, Texas, un espacio de especial reconocimiento en los circuitos alternativos (y también mainstream) de los Estados Unidos.

La muestra reúne una pieza singular y tres grandes, cruciales instalaciones del artífice. Todas ellas antes expuestas en –y dos de ellas creadas especialmente para– Sumballein, la "antología rota de Carlos Runcie Tanaka" que a principios de 2006 curé en el Museo de Arte del Centro Cultural de San Marcos. El trabajo de Runcie Tanaka ha motivado –crítica y libidinalmente– algunos de los compromisos mayores de Micromuseo. El vínculo directo se remonta a por lo menos primera Bienal Iberoamericana de Lima, en 1997, con el acompañamiento textual para Tiempo detenido, la sobrecogedora reelaboración de la experiencia de Runcie Tanaka como rehén en la residencia del embajador del Japón.

En esta ocasión la iniciativa y la responsabilidad curatoriales recaen sobre Jim Harithas, quien además concibió y dirige el Station Museum. Transcribo a continuación la información y comentarios sobre esta muestra publicados el mismo 27 de junio por Carlo Trivelli en El Comercio.


Metáforas de fuego y arcilla

EL RECONOCIDO CERAMISTA PERUANO HA SIDO INVITADO AL STATION MUSEUM DE ARTE CONTEMPORÁNEO EN TEXAS. DESDE AYER EXHIBE CUATRO DE SUS MÁS CONOCIDAS INSTALACIONES

Por: Carlo Trivelli

El trabajo de Carlos Runcie Tanaka está marcado por una profunda reflexión acerca de su identidad como persona y como creador, y también acerca de los materiales y lenguajes con los que trabaja. Si bien se lo define habitualmente como ceramista, desde hace ya muchos años que su trabajo, sin alejarse del torno y el horno, tiene como formato la instalación, lo que le permite conjugar su profunda compenetración con la arcilla y sus connotaciones, con pretensiones conceptuales y metafóricas de alto vuelo.

Han sido esas cualidades, sin duda, las que llamaron la atención de Jim Harithas, el curador y director del museo Station de arte contemporáneo (Houston, Texas) y lo llevaron a proponerle a Runcie exponer en Estados Unidos. La línea del Station es muy contemporánea y busca llenar vacíos en la experiencia artística de sus visitantes. Por ello, una obra como la de Runcie, marcada por preocupaciones y motivos interculturales, íntimos y a la vez políticos, realizados en cerámica pero con proyección hacia la instalación, no podía dejar de interesarles.

Selección

Harithas ha escogido una pieza y tres instalaciones para la exposición en el Station. La pieza se llama Proyección orgánica y es una prueba de la destreza de Runcie con sus materiales. Las instalaciones, ya presentadas en Lima, son Manto, un conjunto de fragmentos de cerámica y loza confeccionados y rotos a lo largo de varios años, con los que Runcie arma una metáfora de la identidad cultural peruana; Tiempo detenido / No olvidar, la conmovedora reunión de figuras con reminiscencias a la vez japonesas y de la cultura Chancay, atrapadas en un ambiente cerrado, inspirada en su experiencia de secuestro por parte de miembros del MRTA en la residencia del embajador de Japón; y, por último, Huayco / Kawa / Río, en que hermosas esferas de cerámica son confeccionadas a partir de fragmentos de piezas fallidas o rotas en el horno, en un juego que recuerda los rituales de los alfareros japoneses con las piezas que se quiebran en el horno a las que dan la debida sepultura.

La muestra es sin duda una excelente oportunidad para el público estadounidense de conocer a un artista valioso y un merecido reconocimiento a la obra y constancia de Carlos Runcie.

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