Micromuseo - Bitácora

domingo, 7 de marzo de 2010

(C)HOLLYWOOD / EL ARTE DE SANAR



Escribo pocas horas antes de definirse el llamado Óscar a la mejor película extranjera. Como es harto sabido, un filme peruano –La teta asustada– ha llegado a ser uno de los cinco finalistas para ese reconocimiento, tan ansiado por muchos, aunque no el más serio o apreciable: el Óscar es sin duda el premio mayor del cine-industria, pero el del cine-arte es el Oso de la Berlinale. Y esa presea, esa proeza, ha sido ya lograda por la extraordinaria obra de Claudia Llosa y su milagroso equipo.

Pero la mía, claro, no es ni pretende ser una posición objetiva. Me siento intensamente cercano a esta película y a la anterior de su directora, Madeinusa, por razones varias que van de lo político a lo artístico a lo personal. A lo familiar incluso: mi esposa, Susana Torres, ha compartido con Patricia Bueno la dirección artística de los dos largometrajes de Llosa. Quien sienta que esta circuntancia, transparente y admitida, descalifica mis opiniones sobre el tema, queda cordialmente invitado a prescindir de ellas.

Pero no es sobre la película en sí que quisiera ahora reflexionar, sino sobre su condición de síntoma y vector de una situación más amplia y decisiva. El quiebre crucial que desde la caída de Fujimori se viene experimentando en la historia de nuestros ánimos y mentalidades. Tras dos décadas traumáticas de guerra civil y dictadura el Perú vislumbra ya el tránsito de las culturas de la aflicción y de la queja a las de de una autoafirmación positiva. Una revolución de la autoestima que construye orgullos propios aprendiendo a no reprimir sino productivizar la diferencia.

Es lo que a su manera manifiesta el dibujo que colma la carátula última (5 marzo 2010) de El Otorongo, el suplemento humorístico del diario limeño Perú.21. Sin entrar a discutir aquí las calidades gráficas de esa imagen, me importa destacar el gesto triunfador con el que Magaly Solier –la protagonista ayacuchana de la película– hace suyo no sólo el codiciado trofeo áureo (y fálico) sino además el sistema entero de consagraciones que en él se expresa: atención al detalle crucial de la letra "C" mayúscula que se añade al consabido letrero de Hollywood para transformarlo, travestirlo, en nuestro popular "Chollywood". Ese juego alfabético es de antigua data, pero por ello mismo adquiere aquí un renovado y subversivo sentido al convertir en símbolo de valoraciones afirmativas un término por lo general utilizado para fines risueños o despectivos. El inevitable componente andino de nuestra construcción cultural deja ya de ser un lastre a ser ironizado o disimulado para constituirse en un poder distintivo.

De allí, tal vez, el proceso impresionante de identificación masiva y sin precedentes con La teta asustada que se viene desarrollando entre la población peruana más amplia. Una adhesión emocional que por momentos pareciera asemejarse a ciertas euforias generadas en torno a nuestros escasos logros deportivos. Hay, por ejemplo, algo revelador en el lenguaje de los radioescuchas que llaman a las emisoras para expresar, en primera persona plural, su confianza casi unánime en poder alcanzar este nuevo reconocimiento internacional: "nosotros vamos a ganar", es la frase característica con que los peruanos se apropian de La teta asustada, la hacen suya en los términos más personales. Acaso también porque les habla desde las más personales violencias sufridas por nuestra comunidad imaginada.

Poco importa, entonces, que las probabilidades de realmente obtener el Óscar sean más bien remotas: a diferencia de lo que acontece con las demás películas en competencia (todas ellas notables, por cierto) no existen en nuestra economía cinematográfica las fortunas necesarias para promover debidamente La teta asustada entre los miles de miembros de la academia norteamericana cuyo voto masivo define la consagración oficial. La consagración verdadera, sin embargo, es otra. Y se vincula a una transformación cultural que es también profunda, raigalmente política. Como en el propio filme: un arte de sanar.

Etiquetas: , , , , , ,

viernes, 13 de marzo de 2009

MAGALY SOLIER EN YUYANAPAQ: REPORTAJE EXCEPCIONAL DE EL ÚTERO DE MARITA



El blog El útero de Marita acaba de publicar una conversación impresionante con Magaly Solier –la protagonista de La teta asustada y de Madeinusa, ambas películas dirigidas por Claudia Llosa– en su primer recorrido por la exposición Yuyanapaq, concebida como correlato fotográfico del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). El documento resultante es excepcional y un alegato conmovedor ante las voces oscurantistas que pretenden postergar tres o cuatro décadas las urgencias de la memoria.

Enlazo arriba el video en YouTube producido por El útero de Marita, y a continuación reproduzco imágenes del montaje que Micromuseo realizó en la Bienal de Valencia en 2007. Allí exhibimos, entre centenares de otras piezas, la precisa fotografía de los ronderos campesinos de Huancavelica que Magaly comenta en esta entrevista. Frente a esta toma exhibimos una escopeta "hechiza" (artesanal) similar a las que aparecen en el primer plano de ese registro, acompañándola con el testimonio manuscrito de un comunero de Quinua, Ayacucho, donde se explica cómo el dueño de la escopeta fue asesinado a pedradas por Sendero Luminoso antes de poder hacer uso de ella.

Como señala el fragmento pertinente del libro que acompañó la exposición (Lo impuro y lo contaminado: pulsiones (neo)barrocas en las rutas de Micromuseo), el montaje trataba de darle objetualidad material a "la emergencia política sintomatizada por la proliferación de armas 'hechizas', ese nombre formidable que en América Latina se le asigna a los implementos de factura improvisada y artesanal. Un apelativo sobre todo asociado a las escopetas tan impresionantemente precarias que los habitantes rurales elaboran con maderas toscas y con jebes carcomidos y con tuberías recortadas de gas: capaces de disparar tan sólo un par de tiros antes de quedar inservibles, aquellas rústicas piezas fueron durante muchos años casi el único equipamiento bélico permitido a las 'rondas campesinas' propiciadas por el ejército para su enfrentamiento a las columnas de Sendero Luminoso.

Una sobrecogedora fotografía de Jorge Torres Serna pone esta tragedia en brutal escena al registrar la organización de auto-defensas rurales tras la masacre senderista de Chuppac (Huancavelica), ocurrida el 8 de abril de 1990: hay un punctum incisivo en el contrapunto dramático entre la alta tecnología del helicóptero militar que sobrevuela la escena y el primitivo 'fusil de palo' sostenido en primer plano por un rondero acompañado de otros aún más penosamente armados".

Para el desarrollo de éstas y otras ideas, puede verse la versión web de aquella publicación en nuestro sitio de internet:

http://www.micromuseo.org.pe/rutas/loimpuro/laviolencia.html


Organización de rondas campesinas con ayuda del ejército después de la masacre senderista de Chupacc, Huancavelica, ocurrida el 8 de abril de 1990. (Fotografía: Jorge Torres Serna, revista Gente. Archivo: Comisión de la Verdad y Reconciliación / Defensoría del Pueblo. Reproducción: colección Micromuseo ["al fondo hay sitio"]).

Vista del montaje de Micromuseo en la Bienal de Valencia de 2007: escopeta "hechiza" fabricada en 1989 por el comunero de Quinua, Ayacucho, Víctor Tomaylla Quispe, propiedad de Gregorio Gallardo Sauñi hasta su asesinato a manos de senderistas en 1990, según el testimonio manuscrito de Alfredo Fernández que se incluye en la vitrina junto con su transcripción impresa. (Colección Micromuseo ["al fondo hay sitio"]).

Vista del montaje de Micromuseo en la Bienal de Valencia de 2007, confrontando la fotografía de Jorge Torres Serna con la escopeta "hechiza" y el testimonio manuscrito de comuneros de Quinua, Ayacucho.

Etiquetas: , , , , , ,