Micromuseo - Bitácora

viernes, 13 de marzo de 2009

MAGALY SOLIER EN YUYANAPAQ: REPORTAJE EXCEPCIONAL DE EL ÚTERO DE MARITA



El blog El útero de Marita acaba de publicar una conversación impresionante con Magaly Solier –la protagonista de La teta asustada y de Madeinusa, ambas películas dirigidas por Claudia Llosa– en su primer recorrido por la exposición Yuyanapaq, concebida como correlato fotográfico del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). El documento resultante es excepcional y un alegato conmovedor ante las voces oscurantistas que pretenden postergar tres o cuatro décadas las urgencias de la memoria.

Enlazo arriba el video en YouTube producido por El útero de Marita, y a continuación reproduzco imágenes del montaje que Micromuseo realizó en la Bienal de Valencia en 2007. Allí exhibimos, entre centenares de otras piezas, la precisa fotografía de los ronderos campesinos de Huancavelica que Magaly comenta en esta entrevista. Frente a esta toma exhibimos una escopeta "hechiza" (artesanal) similar a las que aparecen en el primer plano de ese registro, acompañándola con el testimonio manuscrito de un comunero de Quinua, Ayacucho, donde se explica cómo el dueño de la escopeta fue asesinado a pedradas por Sendero Luminoso antes de poder hacer uso de ella.

Como señala el fragmento pertinente del libro que acompañó la exposición (Lo impuro y lo contaminado: pulsiones (neo)barrocas en las rutas de Micromuseo), el montaje trataba de darle objetualidad material a "la emergencia política sintomatizada por la proliferación de armas 'hechizas', ese nombre formidable que en América Latina se le asigna a los implementos de factura improvisada y artesanal. Un apelativo sobre todo asociado a las escopetas tan impresionantemente precarias que los habitantes rurales elaboran con maderas toscas y con jebes carcomidos y con tuberías recortadas de gas: capaces de disparar tan sólo un par de tiros antes de quedar inservibles, aquellas rústicas piezas fueron durante muchos años casi el único equipamiento bélico permitido a las 'rondas campesinas' propiciadas por el ejército para su enfrentamiento a las columnas de Sendero Luminoso.

Una sobrecogedora fotografía de Jorge Torres Serna pone esta tragedia en brutal escena al registrar la organización de auto-defensas rurales tras la masacre senderista de Chuppac (Huancavelica), ocurrida el 8 de abril de 1990: hay un punctum incisivo en el contrapunto dramático entre la alta tecnología del helicóptero militar que sobrevuela la escena y el primitivo 'fusil de palo' sostenido en primer plano por un rondero acompañado de otros aún más penosamente armados".

Para el desarrollo de éstas y otras ideas, puede verse la versión web de aquella publicación en nuestro sitio de internet:

http://www.micromuseo.org.pe/rutas/loimpuro/laviolencia.html


Organización de rondas campesinas con ayuda del ejército después de la masacre senderista de Chupacc, Huancavelica, ocurrida el 8 de abril de 1990. (Fotografía: Jorge Torres Serna, revista Gente. Archivo: Comisión de la Verdad y Reconciliación / Defensoría del Pueblo. Reproducción: colección Micromuseo ["al fondo hay sitio"]).

Vista del montaje de Micromuseo en la Bienal de Valencia de 2007: escopeta "hechiza" fabricada en 1989 por el comunero de Quinua, Ayacucho, Víctor Tomaylla Quispe, propiedad de Gregorio Gallardo Sauñi hasta su asesinato a manos de senderistas en 1990, según el testimonio manuscrito de Alfredo Fernández que se incluye en la vitrina junto con su transcripción impresa. (Colección Micromuseo ["al fondo hay sitio"]).

Vista del montaje de Micromuseo en la Bienal de Valencia de 2007, confrontando la fotografía de Jorge Torres Serna con la escopeta "hechiza" y el testimonio manuscrito de comuneros de Quinua, Ayacucho.

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martes, 15 de julio de 2008

MEMORIA DEL OLVIDO - HISTÓRICA EXPOSICIÓN SOBRE EL ATENTADO DE TARATA EN NUESTRO PARADERO HABANA (INAUGURACIÓN: MIÉRCOLES 16, 7:30 PM)



Este miércoles 16 de julio se cumplen también dieciséis años del coche bomba criminalmente detonado por Sendero Luminoso en la calle Tarata de Miraflores. En la misma fecha, a partir de las 7:30 de la noche y a escasas cinco cuadras de esos hechos, MICROMUSEO inaugura, en su PARADERO HABANA, una exposición histórica: el rescate y puesta en valor de los registros documentales y artísticos de aquella catástrofe realizados por Anamaría McCarthy en fotografía y por su hermano Kevin en video. Materiales impresionantes que se han mantenido inéditos, adquiriendo ahora una densidad incluso poética recogida también por el sugerente título de la muestra: Memoria del olvido.

Se trata, indiscutiblemente, de testimonios privilegiados: en uno de los edificios del jirón Tarata se encontraba el departamento que fue para Anamaría primero el hogar conyugal y luego el estudio donde inicia su conversión artística a la fotografía, tras quince años de exploraciones cerámicas. En uno de los cuartos vivía entonces su hermano Kevin, cineasta incipiente.

Gracias a un encadenamiento insólito de intuiciones, ambos lograron eludir la explosión, pero no el trauma. Aquella noche –y los siguientes días– Kevin permaneció entre los escombros, resguardando lo que pudo preservarse tras la onda expansiva y los saqueos (acaso tan devastadores como la detonación). Apenas la luz y el descontrol se lo permitieron, inició la absorción en video del estupor y el pasmo que sucedieron al terror. Poco después Anamaría hizo lo propio, con vistas fijas atravesadas no de clamor sino de melancolía.

Hay un contraste incisivo, conmovedor, entre el registro en bruto del material fílmico –jamás editado– y la poesía acallada de las fotografías, delicadamente construidas respetando la autenticidad de los fragmentos encontrados. Para la exploración de esos y otros sentidos, el catálogo de la muestra despliega un fuerte acompañamiento textual, que además del ensayo curatorial aportado por Gustavo Buntinx incluye una reflexión compleja de Salomón Lerner sobre la pertinencia del caso Tarata para la historia de nuestra violencia grande y para la praxis de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), entidad en la que sirvió como Presidente.

Con el patrocinio del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Universidad Católica (IDEHPUC) y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), esta muestra fue precisamente concebida en el marco de las conmemoraciones por los cinco años de la entrega del Informe Final de la CVR. En el espíritu de esa publicación trascendental, lo que ahora se ofrece es la primera de dos exposiciones críticamente articuladas entre sí, como trágicamente lo estuvieron las extremidades históricas a las que cada una de ellas se vincula. Como complemento de esta muestra inicial, el próximo mes de agosto exhibiremos la documentación extensa de las intervenciones taumatúrgicas de Ricardo Wiesse en las fosas donde se pretendieron ocultar los cuerpos de los miembros de la Universidad de La Cantuta que fueron desaparecidos por los servicios de inteligencia en represalia por el atentado de Tarata. La competencia de horrores.

Partes de guerra: el título genérico de estas dos exposiciones y de las publicaciones que las acompañan puede, sin duda, entenderse en su acepción figurada. Noticias desde el frente, crónicas de trinchera. Pero también en el sentido más literal e inmediato: símbolos fragmentados de nuestra historia hecha pedazos.

Símbolos fragmentarios: las dos muestras ahora planteadas prolongan en otro sentido, más específico y puntual, varias exhibiciones previas en las que el mismo curador ensayaba exploraciones amplias de las múltiples relaciones entre arte y violencia. Exposiciones como Mallki: la exhumación simbólica en el arte peruano (2002), Carne viva (2003) y País del mañana: utopía y ruina en la guerra civil peruana (2004), realizadas todas en el Centro Cultural de San Marcos. O Lo impuro y lo contaminado: pulsiones (neo)barrocas en las rutas de Micromuseo presentada en la última Bienal de Valencia (2007).

Pero no hubo entonces, ni la hay ahora, pretensión exhaustiva alguna, sino un avance más en el rescate sistematizado de aquella porción de nuestro arte que, desafiando todo riesgo y (auto)censura, optó por significar la emoción y el momento.

Léase, tras esta intención histórica, un homenaje crítico –por continuar.

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