Micromuseo - Bitácora

lunes, 24 de octubre de 2011

NO SOY INVISIBLE: Cadena oligopólica de cines prohibe el ingreso de Fátima Buntinx a las salas en que se exhibe la película de la que es protagonista

TAMBIÉN EL MINISTERIO DE CULTURA PROTESTA CONTRA LOS MALTRATOS IMPUESTOS A LAS MALAS INTENCIONES



Se comprenderá, espero, que vuelva sobre un tema que me concierne de modo personal, pues involucra a una hija producto de mis amores con Susana Torres Márquez. Me refiero a Fátima Buntinx Torres, de diez (10) años de edad, quien hoy fue informada por la cadena Cineplanet de que estaba prohibida de ingresar a las salas donde se proyecta la película Las malas intenciones, pues absurdamente la misma distribuidora le ha impuesto una calificación de no apta para menores de catorce (14) años.

Por cierto no hay en la cinta –dirigida por la notable Rosario García-Montero– nada que justifique semejante aberración, pero además el tema se torna delirante si se considera que Fátima es no sólo la protagonista del filme entero sino también la presencia principal en todas y cada una de sus escenas. Una empresa privada se atribuye así el derecho extravagante de impedir a una actriz espectar su propia imagen y trabajo.

El tema parece absurdo, pero en realidad responde al absurdo mayor de un sistema de distribución y exhibición concebido para minimizar el desarrollo del cine arte en la protoindustria fílmica nacional. Haciendo usufructo abusivo de su dominio del mercado, los distruibuidores marginan y arrinconan las películas de densidad especial, buscando expulsarlas del circuito para maximalizar las ganancias de blockbusters internacionales o cintas locales de carácter comercial en cuya producción han invertido capitales. Todo ello configura probables prácticas oligopólicas que bien ameritarían un escrutinio legal y las investigaciones pertinentes por parte de INDECOPI.

Pruebas al canto: además de las restricciones irracionales al acceso de menores a Las malas intenciones, se han retirado de las salas todos sus afiches y se han cubierto casi todas sus vallas publicitarias en las vías públicas. Y a pesar de los resultados de taquilla en su semana de estreno, de inmediato se la ha relegado a los horarios más inverosímiles (10:30 AM, 1 PM., 3:00 PM...). Atención al hecho que todas estas decisiones son tomadas por apenas un par de agentes, distorsionando gravemente cualquier noción de libre mercado y competencia.

La situación en realidad desborda el caso específico de esta película y pone otra vez en el urgente orden del día la discusión de propuestas para un sistema que democratice nuestras avasalladas industrias culturales. Su grito de batalla bien podría ser aquél esgrimido por la propia Fátima en la escena final de la película: "¡No soy invisible!"

De clara pertinencia es el comunicado que acaba de emitir el Ministerio de Cultura sobre estos y otros maltratos escandalosos impuestos a Las malas intenciones. "Por tal motivo, y como autoridad cinematográfica del país", concluye ese documento, "demandamos tengan a bien reprogramar la exhibición de la película Las malas intenciones en la tercera semana en las salas de cine de sus asociados, con los horarios y en las condiciones en la que fue estrenada, puesto que el cine peruano merece un trato mínimamente digno en su propio país."

Transcribo a continuación el informe que al respecto publica la página web de El Comercio:

Ministerio de Cultura exige a cines mejores horarios para 'Las malas intenciones'

El filme peruano ha sido relegada a horas de poca concurrencia. “Pareciera confirmar que no les interesa en absoluto el desarrollo de nuestra cinematografía”, asegura entidad estatal

Lunes 24 de octubre de 2011 - 09:38 pm

El Ministerio de Cultura expresó su “sorpresa e incomodidad” a la Asociación de distribuidores y exhibidores cinematográficos por haber relegado a la película peruana “Las malas intenciones” a horarios poco atractivos para el público.

“No cuestionamos que el cine sea para ustedes un negocio y como tal debe regirse por las leyes del mercado”, recuerda el Ministerio de Cultura en un comunicado. “Pero el trato dado a esta película, como a otras cintas peruanas estrenadas en los últimos años, pareciera confirmar que no les interesa en absoluto el desarrollo de nuestra cinematografía y más bien quisieran obstaculizar su llegada al público”, continúa el pronunciamiento público.

“Las malas intenciones”, dirigida por Rosario García-Montero ganó el premio a la mejor película peruana en el XV Festival de Cine de Lima y el Premio Especial del Jurado por la calidad de dirección de niños en el 39° Festival de Cine de Gramado, en Brasil. Asimismo, fue ovacionada durante la última versión del Festival de Berlín. Pese a ello, en su segunda semana en la cartelera limeña no ha sido destacada en los horarios estelares.

Para el Ministerio de Cultura, ello es una muestra de que a las producciones nacionales “no les brindan las consideraciones que si le dan a las películas extranjeras”. Ello no solo se refleja en los horarios anticomerciales, sino en “súbitas suspensiones de función, impedimento de acceso a la entrada a menores acompañados de sus padres, descuido con el material de promoción, entre otros hechos de conocimiento público”.

En efecto, “Las malas intenciones”, en la mayoría de cines, está programada esta semana entre las 3:00 p.m. y 5:30 p.m., horas en las que pocas personas acuden a las salas de cine.

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jueves, 20 de octubre de 2011

LAS MALAS INTENCIONES: Sugestiva lectura de Ricardo Bedoya en "El Comercio"


No suelo comentar las iniciativas surgidas de mi entorno familiar más cercano, salvo cuando ellas involucran las propuestas e ideales mayores de Micromuseo. Tolerancia pido para la excepción en la que ahora incurro, aunque en realidad se trate no de una declaración mía sino de un testimonio y de un señalamiento. Me refiero a la sugestiva lectura que el reconocido crítico Ricardo Bedoya le dedica a la película Las malas intenciones en la edición de hoy, jueves 20 de octubre, del diario El Comercio. La directora de la cinta es Rosario García-Montero y su protagonista –Fátima Buntinx Torres– es hija de mi esposa (Susana Torres Márquez) con este humilde servidor. Susana es además la codirectora de arte del proyecto, junto a Patricia Bueno.

Fátima tenía apenas ocho años al momento de la filmación. Dudamos mucho en autorizar su participación, por cierta incomodidad nuestra con la sociedad y las culturas del espectáculo, pero la revisión del guión disipó cualquier duda. Se vislumbraba allí una visión seria, poderosa, aguda –personalísima– sobre los inicios de la gran violencia en el Perú de la década de 1980, tal como ella fue entonces vivida por algunos sectores limeños: un rumor lejano pero creciente y ominoso. Misterioso. Tal vez uno de los logros mayores de la película sea ese ingreso oblicuo a la tragedia nacional desde el registro sensible de una niña en realidad atrapada por sus desgracias personales. Y el entrecruzamiento –en la realidad y en la fantasía– de ambas circunstancias. La historia realmente vivida por seres humanos concretos. Y el heroismo de la vida cotidiana.

Transcribo a continuación el artículo publicado en El Comercio.

CRÍTICA DE CINE

Las malas intenciones

Por: Ricardo Bedoya
El Comercio, jueves 20 de octubre de 2011

“Las malas intenciones”, primer largometraje de Rosario García Montero, es el retrato de Cayetana de los Heros (Fátima Buntinx), una niña sensible, inteligente y acosada por mil fantasías de exclusión y muerte. Se ciernen sobre ella los malestares del asma; los descuidos de un padre negligente; las ausencias prolongadas de una madre viajera; la enfermedad de Jimena, su tía y amiga cercana; la violencia de un entorno político cada vez más hostil; la memoria de las gestas fallidas de los próceres y héroes de nuestra historia. Y para colmo, la peor de las noticias: el nacimiento próximo de un hermano, el hecho de que en su activa fantasía tanática la sacará de modo definitivo de escena, hasta volverla invisible.

La película fecha y sitúa la acción. Transcurre entre los meses finales de 1982 y los primeros días de mayo de 1983. Son tiempos de horror y masacres como la de Uchuraccay. Hechos vistos y filtrados por la mirada curiosa y penetrante del personaje de Cayetana, que impone su punto de vista en la película.

Pero son también épocas de transformación. En compañía de la niña asistimos a un proceso de ruptura, tránsito y reintegración problemática a la familia y la vida social. Desde que se entera del embarazo de la madre hasta el nacimiento del hermano, Cayetana se sitúa en el umbral. La película la sigue en esa fase de tránsito a través de una multiplicidad de incidentes. Ellos le permiten despejar las ilusiones sobre su padre, al que aprende a llamar Francisco, para aceptar al nuevo esposo de su madre, aunque sea un deportista perdedor. Comprobar que la muerte ronda en torno de Jimena, de los héroes o de tercos animales, como los cuyes, que ella trata de salvar pero que regresan a la jaula para terminar en la parrilla. Pero también encontrar su afinidad esencial con la vida, a través de la empatía póstuma con el chofer y el gesto final hacia el hermano al que ofrece torpes y apurados “soplos de la vida”, como antes vertió leche sobre los moribundos gatos.

Lo mismo ocurre con los miembros de su familia. En esos meses comprueban que ya perdieron el control de sus tiempos, espacios y diversiones. La madre acelera contra el tráfico para atravesar un Centro de Lima amenazante; los padres y abuelos cambian la casa de mosaicos sevillanos donde reciben la Navidad cantando villancicos por una playa de Ancón desbordada donde su lancha será empujada y conducida por niños de otra clase y otro lugar; Ramón es despojado de sus prendas y trofeos deportivos por una incursión aleccionadora de los terrucos en la mansión de campo. Desde un punto de vista de clase, es el tiempo en que las escenografías familiares se degradan: el interior del auto familiar da cuenta de ello. Don Isaac (Melchor Gorrochátegui), el chofer de la familia, pleno de bonhomía, que conduce mientras escucha canciones criollas, es reemplazado por un ‘chaleco’, conductor del auto, ahora protegido por unas lunas polarizadas que pretenden una invisibilidad que Cayetana rechaza a gritos.

“Las malas intenciones”, más allá de algunos altibajos –concentrados en las escenas “imaginarias”–, muestra un estilo personal, una sensibilidad, un humor singular, una dirección artística impecable, una de las actuaciones más sorprendentes y emocionantes del cine peruano –la de Fátima Buntinx–, un temple narrativo y un mundo particular más bien oscuro y obsesivo que ya se vislumbraba en los cortometrajes de Rosario García Montero, una realizadora a tener muy en cuenta.

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