Micromuseo - Bitácora

jueves, 10 de junio de 2010

BATALLAS POR LA MEMORIA VII: Carta de tres vecinos de Tarata sobre las alteraciones en el monumento a las víctimas del atentado en esa calle

Gracias a la acuciosidad de otra lectora –Anahí Vásquez de Velasco–
logré ubicar la carta a la que alude el comentario publicado en nuestro post anterior sobre las alteraciones al monumento erigido por las víctimas del atentado senderista en la calle Tarata. El documento se encontraba en el facebook de la Municipalidad de Miraflores, no en su sitio web, como esa acotación indicaba. Un error comprensible.

La misiva va firmada por tres personas que reivindican esa intervención urbana como respuesta edil a una petición vecinal. Manifiestan también que fueron los propios deudos quienes solicitaron que no se explicitaran los nombres de los fallecidos. Y entre otras consideraciones valoran como un reconocimiento debido el que la nueva placa destaque el nombre del actual alcalde distrital.

Quedan aquí registradas esas opiniones de Armida Sala, Luisa Mesa y Juana Muriano. Con ánimo de pluralidad cuelgo a continuación la carta completa, en imagen: no consigo copiar sus contenidos como texto para una mayor legilibilidad.

La discusión sigue abierta.

(Micromuseo organizó hace apenas dos años la exposición que rescató los impresionantes testimonios fotográficos y fílmicos de la tragedia de Tarata realizados por Ana María McCarthy y Kevin McCarthy casi inmediatamente después del atentado. Esos materiales dieron luego lugar a la publicación de un libro coeditado con Planeta. Amplia información sobre esa muestra aquí).



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miércoles, 9 de junio de 2010

BATALLAS POR LA MEMORIA VI: Otra versión sobre la modificación del monumento a las víctimas del atentado en la calle Tarata

A continuación cumplimos con publicar el siguiente comentario llegado a nuestra bitácora y firmado por la lectora identificada como María Teresa. Ella ofrece otra versión sobre las transformaciones del monumento a las víctimas de Tarata. No hemos logrado ubicar la carta a la que hace referencia. Y queda sin responder el tema más amplio, que va más allá de cualquier actitud del alcalde Masías pues afecta a toda la clase política. Me refiero a la manía de inscribir el nombre propio sobre cualquier obra –supuesta o real– con ansias de perennidad por lo general ilusas: la primera sacrosanta misión de todo alcalde nuevo es borrar la huella del anterior. Memorias del subdesarrollo.

Va la transcripción completa y textual del comentario de María Teresa:

"Sería bueno que te informes bien, hoy los vecinos de Tarata han publicado una carta donde aclaran todo. En primer lugar, Masias quiso colocar los nombres de las victimas y los deudos no quisieron, en segundo lugar, ellos mismos afirman que pidieron la pileta y en tercer lugar los deudos de tarata han pedido que antes de iniciar batallitas y campañas mediaticas, debieron preguntarles a ellos su opinión. Te paso el enlace: www.miraflores.gob.pe".

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martes, 8 de junio de 2010

BATALLAS POR LA MEMORIA V: Alcalde de Miraflores se apropia de la paternidad del monumento a las víctimas de Tarata

Nueva placa en la que el alcalde actual de Miraflores,
Manuel Masías,
impone su nombre al monumento de las víctimas
del atentado en la calle Tarata, inaugurado años atrás.

A propósito de la destrucción del monumento a las víctimas de la violencia en Villa María del Triunfo (ver posts anteriores en esta bitácora), Víctor Vich nos hace llegar una provocadora carta abierta sobre otro gesto, aparentemente opuesto pero igualmente irrespetuoso hacia la memoria. Se trata de la modificación del entorno y -sobre todo- de la placa del memorial levantado hace años en el punto preciso de la calle Tarata donde Sendero Luminoso detonó un coche-bomba el 16 de julio de 1992. Transcribo ese texto en su integridad. Para reflexionar y discutir.

UN NUEVO ATENTADO DE MANUEL MASÍAS:
MÁS DESTROZOS EN LA CALLE TARATA


¿Qué tienen estos alcaldes que se les da por clavar su nombre en cuanta obra realizan y en cuanto lugar restauran? ¿Son ellos quienes verdaderamente “realizan” esas obras o más bien deberíamos entender que todo lo que ejecutan lo hacen por encargo de sus votantes y entonces deberían concebirse a sí mismos no como protagonistas de los hechos sino como simples servidores de la población que los eligió? Pero, claro, eso es pedir “peras al olmo” pues ya sabemos que la política en el Perú se encuentra totalmente inmersa en la “sociedad del espectáculo” y que el poder y el ansia de figuración es lo único a lo que aspiran nuestros políticos criollos. Uno de ellos es el actual alcalde de Miraflores.

Aunque ya estamos acostumbrados (y hasta deprimidos) a que sigan sin aparecer líderes con nuevas formas de hacer política, llega un momento en que hay cosas que no pueden aceptarse desde ninguna posición política. Me refiero, en este caso, a la utilización de las muertes producidas por un atentando terrorista para sacar réditos políticos. De manera absolutamente obscena (no se qué otra palabra puede utilizarse), el alcalde Manuel Masías ha impreso su nombre en el monumento recordatorio al atentado de la calle Tarata. Se trata de una falta de respeto a las víctimas, de un narcisismo demencial y de un mal uso de nuestros recursos públicos.

Recordemos: luego del bombazo, la calle se volvió peatonal y ahí se erigió un monumento que destacaba por su sobriedad y elegancia; un lugar de memoria para nunca olvidar lo sucedido. Pero sucede que, de buenas a primeras, el alcalde Masías no sólo ha tenido el mal gusto de “reinaugurar” el monumento convirtiéndolo en una burda pileta turística (hoy los alcaldes optan por lo más fácil que es construir piletas por todos lados y son incapaces de convocar a concursos de escultura o de articularse con los artistas de sus distritos) sino que Masías ha colocado su nombre, en el centro mismo del monumento, a fin de asumir todo el protagonismo posible.

Parece increíble pero es cierto: ahí no figuran los nombres de las víctimas, ni la del escultor que realizó la obra, sino que sólo observamos el gran nombre de Masías. Increíble pero cierto. ¿Por qué el alcalde decidió restaurar ese monumento y no otros del distrito que sí están en muy mal estado como el mural de Ricardo Wiesse o a la magnífica escultura de Sonia Prager que continúa hongueándose en el malecón? ¿Cuál fue su interés? ¿Por qué en el coliseo del voley de Miraflores aparece su nombre por todos lados? ¿No está eso prohibido?

Esta ansiedad que Masías tiene por imponer su nombre es múltiple. Meses atrás no era raro descubrir viejas quintas miraflorinas que exhibían curiosos letreritos con la frase “Gracias Dr. Masías” casi en el estilo de la vieja cultura de las haciendas y de los peones frente a sus gamonales. De hecho, la religión católica nos ha enseñado que lo que uno hace con la mano derecha no debe saberlo la izquierda (Mt 6, 3), pero ya sabemos que algunas personas han convertido el cristianismo no en un reto ético sino en la pura defensa de sus privilegios e intereses.

No es posible que el nombre de Masías continúe inscrito en ese monumento que recuerda un hecho dramático que nos involucra a todos y donde no cabe ningún protagonismo. Debemos protestar colectivamente. Debemos censurar esa obscenidad.

Víctor Vich


El monumento a las víctimas de Tarata,
antes y después de las alteraciones.
Atención a la centralidad otorgada a la nueva placa
(con el nombre del alcalde Masías).

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miércoles, 5 de agosto de 2009

TARATA: MICROMUSEO Y EDITORIAL PLANETA PRESENTAN LIBRO DE ANAMARíA McCARTHY Y KEVIN McCARTHY


Este jueves 6 de agosto, a las 7 de la noche y en el estratégico local de la librería Ksa Tomada, EDITORIAL PLANETA y MICROMUSEO ("al fondo hay sitio") presentan un libro de aguda pertinencia, artística tanto como histórica. Tarata: memoria del olvido, le da un magnífico y accesible formato a las interpretaciones fotográficas y los registros en video realizados por Anamaría McCarthy y Kevin McCarthy tras el feroz atentado senderista que el 16 de julio de 1992 trastornó para siempre a esa calle miraflorina. Materiales impresionantes que se mantuvieron inéditos hasta su rescate y exhibición el año pasado por MICROMUSEO en el PARADERO HABANA, a muy pocas cuadras del lugar de los hechos.

El flamante libro reúne y amplía lo entonces expuesto, en casi cien páginas de sugerentes fotografías (incluyendo dos precisas tomas contextuales de Carlos "Chino" Domínguez y Fátima López), así como en un DVD que recoge todas las capturas logradas en video. Se ofrecen además un ensayo de Gustavo Buntinx (curador de la muestra y "chofer" de MICROMUSEO) y la reflexiva introducción de Salomón Lerner, ex presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y presidente actual del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (IDEHPUCP), entidad que auspicia la publicación.

Hay un contraste incisivo, conmovedor, entre el registro bruto del material fílmico -jamás editado- y la poesía acallada de las fotografías, delicadamente construidas respetando la autenticidad de los fragmentos encontrados. Se trata, indiscutiblemente, de testimonios privilegiados: en uno de los edificios del jirón Tarata se encontraba el departamento que fue para Anamaría primero el hogar conyugal (compartido con Jorge Caillaux) y luego el estudio donde inicia su conversión artística a la fotografía, tras quince años de exploraciones cerámicas. En uno de los cuartos vivía entonces su hermano Kevin, cineasta incipiente.

Gracias a un encadenamiento insólito de intuiciones, todos ellos lograron eludir la explosión, pero no el trauma. Aquella noche -y los siguientes días- Kevin permaneció entre los escombros, resguardando lo que pudo preservarse tras la onda expansiva y los saqueos (acaso tan devastadores como la detonación). Apenas la luz y el descontrol se lo permitieron, inició la absorción en video del estupor y el pasmo que sucedieron al terror. Poco después Anamaría hizo lo propio, con vistas fijas atravesadas no de clamor sino de melancolía. La conjunción de ambos testimonios adquiere ahora una densidad incluso poética, recogida también por el sugerente subtítulo del libro: memoria del olvido.

Para reflexionar sobre la relevancia actual de todo ello, la presentación reúne a Anamaría McCarthy, Gustavo Buntinx y Jorge Caillaux. Sergio Vilela, de Editorial Planeta, moderará y completará la mesa.

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sábado, 21 de febrero de 2009

MANIFIESTO POR EL MUSEO DE LA MEMORIA (A FIRMAR)


(Eduardo Tokeshi. Bandera I. 1985. Técnica mixta [pintura látex sobre tela, bandera cosida, relleno]: 140 x 200 cm.).

Ironías amargas de nuestra peruanidad actual: mientras por un lado Alan García celebra como propio el triunfo de la película La teta asustada en el festival de Berlín, su propio gobierno rechaza la donación de más de dos millones de dólares otorgados por el gobierno de Alemania para la edificación del Museo de la Memoria.

El filme de Claudia Llosa es precisamente un conmovedor alegato poético por la justicia y por la verdad. Y por la memoria. Causas abiertamente enfrentadas por el oscurantismo de quienes desde el poder denigran y calumnian la labor de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. A la sociedad civil le corresponde su reivindicación. Micromuseo ha intentado hacerlo mediante esfuerzos diversos como las exposiciones sobre el crimen senderista de Tarata y el crimen estatal de La Cantuta, realizadas a mediados de 2008 en conmemoración del quinto aniversario de la entrega del Informe Final de la CVR, al que valoramos como acaso nuestro libro más importante desde los Comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega y la Nueva corónica y buen gobierno de Guamán Poma de Ayala.

En coherencia con todo ello nos sumamos ahora al manifiesto por el Museo de la Memoria que ya circula en internet y cuyo pasaje final resume tanto el espíritu como la letra del documento entero: "objetamos de manera respetuosa pero categórica esta insensible actitud del gobierno, y llamamos a los peruanos de espíritu democrático a redoblar esfuerzos por redimir nuestro pasado violento, no mediante el silencio sino por medio del recuerdo honesto, compasivo y justiciero".

A continuación el texto íntegro, incluyendo la dirección electrónica del IDEHPUCP en la que se vienen incorporando las adhesiones. A firmar.


Comunicado sobre rechazo de apoyo alemán a la construcción
y mantenimiento del Museo de la Memoria


1. Entre los años 1980 y 2000, los peruanos sufrimos un intenso periodo de violencia armada iniciado por la organización terrorista conocida como Sendero Luminoso. En ese proceso, la subversión y el Estado se involucraron en masivas violaciones de derechos humanos y crímenes contra la humanidad.

2. A partir de la investigación realizada por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (2001-2003), es evidente que la única forma de lograr una reconciliación justa y de espíritu democrático es cumplir los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y las reparaciones. Elemento indispensable de ello es una amplia conmemoración de los hechos y una reflexión honesta sobre el pasado.

3. Como parte de esa necesaria conmemoración y también como motivación para un diálogo reconciliador fue creada, hace cinco años, la exposición fotográfica “Yuyanapaq” (“Para recordar”), la cual ha sido reconocida en su valor reparador y artístico por la opinión pública nacional e internacional. Dicha exposición fue asumida por el Estado y se halla actualmente albergada en el Museo de la Nación. Su destino final, sin embargo, siempre ha sido el de integrarse en un conjunto monumental en un lugar céntrico de la capital donde ha de crearse el Museo de la Memoria.

4. Con el fin de hacer posible ese conjunto conmemorativo, el gobierno de Alemania ha realizado el generoso ofrecimiento de más de dos millones de dólares, con los que se financiaría la concreción y el mantenimiento de tan importante gesto simbólico. Sin embargo, es sorprendente e ingrato constatar que el gobierno del Perú ha rechazado dicho ofrecimiento, lo cual indica su desinterés de base en realizar la obra. Semejante rechazo, por desgracia, se suma a otro dado por el anterior gobierno ante la posibilidad de recibir recursos internacionales que hubieran ayudado al Estado peruano a atender las reparaciones debidas a las víctimas de la violencia.

5. Reconocemos, por cierto, las facultades de las autoridades de nuestro Estado para tomar decisiones como la mencionada. Es necesario, sin embargo, llamar la atención sobre esta inexplicable negación a hacer un elemental gesto de reconocimiento ciudadano tan necesario para el afianzamiento de nuestra democracia. La negativa del Estado no sólo empaña nuestras relaciones con un país amigo, sino que habla pobremente de la comprensión de las autoridades sobre las tareas históricas que debemos afrontar para construir una verdadera democracia.

6. Es importante resaltar que la conmemoración de víctimas de la violencia, gesto humanitario elemental, es hoy en día un elemento básico del consenso ético internacional y una práctica adoptada por las naciones democráticas del mundo. Ella es aun más importante en países como el nuestro, donde la violencia se desarrolla sobre un telón de fondo histórico marcado por intolerables exclusiones étnicas y de género. Por ello objetamos de manera respetuosa pero categórica esta insensible actitud del gobierno, y llamamos a los peruanos de espíritu democrático a redoblar esfuerzos por redimir nuestro pasado violento, no mediante el silencio sino por medio del recuerdo honesto, compasivo y justiciero.

Si está de acuerdo, sírvase escribir con su nombre y mail a: impacto_idehpucp@pucp.edu.pe

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martes, 15 de julio de 2008

MEMORIA DEL OLVIDO - HISTÓRICA EXPOSICIÓN SOBRE EL ATENTADO DE TARATA EN NUESTRO PARADERO HABANA (INAUGURACIÓN: MIÉRCOLES 16, 7:30 PM)



Este miércoles 16 de julio se cumplen también dieciséis años del coche bomba criminalmente detonado por Sendero Luminoso en la calle Tarata de Miraflores. En la misma fecha, a partir de las 7:30 de la noche y a escasas cinco cuadras de esos hechos, MICROMUSEO inaugura, en su PARADERO HABANA, una exposición histórica: el rescate y puesta en valor de los registros documentales y artísticos de aquella catástrofe realizados por Anamaría McCarthy en fotografía y por su hermano Kevin en video. Materiales impresionantes que se han mantenido inéditos, adquiriendo ahora una densidad incluso poética recogida también por el sugerente título de la muestra: Memoria del olvido.

Se trata, indiscutiblemente, de testimonios privilegiados: en uno de los edificios del jirón Tarata se encontraba el departamento que fue para Anamaría primero el hogar conyugal y luego el estudio donde inicia su conversión artística a la fotografía, tras quince años de exploraciones cerámicas. En uno de los cuartos vivía entonces su hermano Kevin, cineasta incipiente.

Gracias a un encadenamiento insólito de intuiciones, ambos lograron eludir la explosión, pero no el trauma. Aquella noche –y los siguientes días– Kevin permaneció entre los escombros, resguardando lo que pudo preservarse tras la onda expansiva y los saqueos (acaso tan devastadores como la detonación). Apenas la luz y el descontrol se lo permitieron, inició la absorción en video del estupor y el pasmo que sucedieron al terror. Poco después Anamaría hizo lo propio, con vistas fijas atravesadas no de clamor sino de melancolía.

Hay un contraste incisivo, conmovedor, entre el registro en bruto del material fílmico –jamás editado– y la poesía acallada de las fotografías, delicadamente construidas respetando la autenticidad de los fragmentos encontrados. Para la exploración de esos y otros sentidos, el catálogo de la muestra despliega un fuerte acompañamiento textual, que además del ensayo curatorial aportado por Gustavo Buntinx incluye una reflexión compleja de Salomón Lerner sobre la pertinencia del caso Tarata para la historia de nuestra violencia grande y para la praxis de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), entidad en la que sirvió como Presidente.

Con el patrocinio del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Universidad Católica (IDEHPUC) y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), esta muestra fue precisamente concebida en el marco de las conmemoraciones por los cinco años de la entrega del Informe Final de la CVR. En el espíritu de esa publicación trascendental, lo que ahora se ofrece es la primera de dos exposiciones críticamente articuladas entre sí, como trágicamente lo estuvieron las extremidades históricas a las que cada una de ellas se vincula. Como complemento de esta muestra inicial, el próximo mes de agosto exhibiremos la documentación extensa de las intervenciones taumatúrgicas de Ricardo Wiesse en las fosas donde se pretendieron ocultar los cuerpos de los miembros de la Universidad de La Cantuta que fueron desaparecidos por los servicios de inteligencia en represalia por el atentado de Tarata. La competencia de horrores.

Partes de guerra: el título genérico de estas dos exposiciones y de las publicaciones que las acompañan puede, sin duda, entenderse en su acepción figurada. Noticias desde el frente, crónicas de trinchera. Pero también en el sentido más literal e inmediato: símbolos fragmentados de nuestra historia hecha pedazos.

Símbolos fragmentarios: las dos muestras ahora planteadas prolongan en otro sentido, más específico y puntual, varias exhibiciones previas en las que el mismo curador ensayaba exploraciones amplias de las múltiples relaciones entre arte y violencia. Exposiciones como Mallki: la exhumación simbólica en el arte peruano (2002), Carne viva (2003) y País del mañana: utopía y ruina en la guerra civil peruana (2004), realizadas todas en el Centro Cultural de San Marcos. O Lo impuro y lo contaminado: pulsiones (neo)barrocas en las rutas de Micromuseo presentada en la última Bienal de Valencia (2007).

Pero no hubo entonces, ni la hay ahora, pretensión exhaustiva alguna, sino un avance más en el rescate sistematizado de aquella porción de nuestro arte que, desafiando todo riesgo y (auto)censura, optó por significar la emoción y el momento.

Léase, tras esta intención histórica, un homenaje crítico –por continuar.

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